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                                                                          La opinión editorial de Roberto Salas

  

 

 

" Juan Carlos un Bajacaliforniano más o menos ..."

 

El trabajo que tenía que hacer Juan Carlos para ganarse 100,000 pesos (unos 7,700 dólares), era seguir a la camioneta de enfrente cuando fueran a cruzar la frontera hacia Estados Unidos. No se iban a detener para revisión. "Tu le pisas", fue la orden que le dieron. Juan Carlos, un joven de 15 años, era el conductor de la tercera camioneta que el martes pasado provocó una balacera en la garita de San Ysidro.

   Su abuela cuenta su historia, una historia de soledad y desesperación resultado de la desintegración familiar y la desatención de las autoridades.

   Un día antes su abuelo, quien tiene problemas de alcoholismo y con quien ha vivido desde que tenía 7 años, lo corrió de su casa. Entonces se fue al "parquesito" de la colonia, donde se juntan los "malandros". Ahí lo contactó un tal Juan que de oficio es "pollero" y que le ofreció el trabajo de cruzar indocumentados a Estados Unidos.

   "El lunes se salió como a las once y media de la mañana, cuando lo corrió su abuelo, y ya no supimos de él, hasta que al día siguiente llegaron dos judiciales aquí a la casa para decirme lo que había pasado", cuenta su abuela, doña Concepción Velázquez, quien se ha hecho cargo del chamaco desde hace ocho años, cuando al papá lo metieron a la cárcel de El Hongo por traer un arma y a la mamá a la Penitenciaría de La Mesa por problemas derivados de su dependencia a los fármacos.

   El martes pasado la frontera entre Tijuana y San Ysidro, la que es considerada la más transitada del mundo, fue cerrada luego de que agentes estadounidenses abrieran fuego en contra de una camioneta tipo van que no se detuvo para revisión y que iba repleta de indocumentados. Otras dos camionetas la seguían. En total fueron 78 los indocumentados que localizaron en los vehículos y todos fueron detenidos por la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Hubo tres heridos de bala en el incidente.

Doña Cony, como le dicen a la abuela, recuerda que ese martes estaba viendo las noticias de las 6:00 p.m. con otra nieta y tuvo el presentimiento.

   "Ojalá y Juan Carlos no haya hecho una burrada", dijo en ese momento la prima de Juan Carlos. Más tarde, cuando los agentes federales llegaron a su casa a eso de las 8:00 p.m. supo que Juan Carlos había cometido la "burrada". "Los judiciales me llevaron a La Línea, me dijeron que mi muchachito estaba involucrado en ese desagarriate y ahí me dejaron con los de inmigración", dice doña Cony.

   Hace dos años Juan Carlos dejó la escuela. Sólo terminó el primer año en la Secundaria Técnica Número 21 de Pórticos del Lago, donde vivía con sus abuelos.

- ¿Por qué no siguió estudiando?

"Porque ya no pude pagar, me pedían 1,200 pesos para inscribirlo", responde la abuela.

- ¿No es escuela pública?

"Sí, pero de pública nomás tiene el nombre, porque hay que pagar de todos modos".

   Además de que la subdirectora de esa escuela, contó doña Cony, no quiso aceptar a Juan Carlos por los múltiples reportes de mala conducta que tenía.

   Desde que dejó la escuela Juan Carlos se dedicó a trabajar en un "car wash", luego como ayudante de mecánico, y últimamente le dio por cantar en los camiones para ayudar a un amigo que tiene problemas del riñón.

   Por ser menor de edad, Doña Cony tuvo que estar en el interrogatorio que los agentes estadounidenses le hicieron a su nieto. Ahí se enteró que a Juan Carlos le ofrecieron 100,000 pesos por hacer ese "jale".

   "¿Por qué lo hiciste?", le preguntó."Porque necesitaba dinero y oí que en el parque (de Pórticos del Lago) podían darme chance los malandros", respondió el joven.

   A Juan Carlos le dijeron que cuando la camioneta de enfrente cruzara la frontera tenía que seguirla a toda velocidad hasta llegar a una estación de gasolina de San Ysidro, donde los estarían esperando otras personas.

   Pero la segunda camioneta no arrancó. Juan Carlos se quedó atorado y de pronto llegaron los agentes federales de Estados Unidos y lo bajaron de la camioneta para arrestarlo. Y luego empezaron a escucharse los balazos.

   Cuando terminó el interrogatorio, los agentes estadounidenses le dieron unos minutos a doña Cony para que se despidiera de su nieto. "Abracé a mi muchachito y le recordé los consejos que siempre le he dado, de con quien se junta, con quien hace amistades para evitar estas cosas".

"Pues sí abuelita, pero pues de los errores se aprende", le dijo su nieto.

   A doña Cony se le salen las lágrimas y dice que no le deja de pedir a Dios que les eche la mano. Cuando ya se iba, Juan Carlos le dio a su abuela 60 pesos (4.60 de dólar) que traía en la bolsa.

"Tenga abuelita, para que pague las calafias (popular transporte público de Tijuana)", le dijo.

   Eran las 11:00 p.m. y esos 60 pesos le sirvieron para llegar a su casa de regreso, de donde Juan Carlos fue corrido por su abuelo un día antes, cerquita de donde un grupo de "polleros" lo reclutaron en un parquesito que no tiene alumbrado público y donde la caseta de vigilancia ha sido vandalizada desde hace dos años, cuando la actual administración retiró los policías que cuidaban el lugar.

 

P. D.  En el trascurso de los proximos dias el gobierno de Jose Guadalupe Osuna Millan nos tratara de convencer que en Baja California todo esta bien; y que su administración esta ganando la partida en todos los terrenos y que jovenes como Juan carlos son los menos...    

 

  

 

 

 

" El concierto de las muchas voces..." 


 

   Si alguna vez le ha tocado estar en la fila para cruzar la frontera entre Tijuana y San Diego, seguramente está familiarizado con la situación: pasan los minutos, incluso las horas, y usted no llega al punto de revisión.

   Cada año el condado de San Diego pierde cerca de 6 mil millones de dólares por el tiempo perdido en este cruce fronterizo, considerando tanto los cruces de personas como los de transporte de carga, y estimando un tiempo promedio de 45 minutos por cruce, aunque es sabido que en las "horas pico" el tiempo de espera puede ser de más de dos horas.

   En busca de una solución para este problema, en días pasados el gobierno federal dio el visto bueno para la construcción de una tercera garita, además de las ya existentes en San Ysidro, por donde cruzan 48 millones de personas al año, y Mesa-Otay, por donde cruzan 12 millones. El proyecto establece que el nuevo punto de cruce se ubicará dos millas al este de Mesa-Otay.

   Pero aunque esta parece ser parte de una solución a largo plazo, existen algunas medidas que aún podrían tomarse para hacer más efectivas las operaciones de los actuales puertos de entrada a Estados Unidos. De acuerdo con David Shirk, director del Instituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego, se lograría una mayor eficiencia de los cruces fronterizos, reduciendo los tiempos de espera a un promedio de 20 minutos. "Cuando se aprueba un nuevo proyecto de este tipo es importante evaluar los procesos de inspección actuales. Desde antes del 11 de septiembre de 2001 estos procesos son lentos, ineficientes y causan problemas no sólo para la economía de la región", explica Shirk.

   Entre los datos que utiliza el instituto para evaluar dicha eficiencia, se halla un reporte publicado por la Asociación de Gobiernos de San Diego en 2006. De acuerdo con este documento, que recoge en detalle el impacto económico de los retrasos en el cruce, no existe la capacidad en la infraestructura actual para cumplir con los requerimientos en materia de comercio y seguridad, necesarios para que operen las actuales garitas.

   Se estima que las pérdidas anuales de 6,000 millones de dólares equivalen a 51, 325 empleos anuales. De continuar la tendencia, la cifra podría ascender a más de 104 mil empleos anuales en 2014, casi 10, 000 millones de dólares que dejarían de ingresar al condado. En los niveles actuales, se estima que debido a lo complicado del cruce San Diego, se están perdiendo más de 8 millones de viajes personales al año de México hacia Estados Unidos, que resultan en más de 1,200 millones de dólares en pérdidas por ingresos de negocios debido a que la gente, en lugar de comprar en San Diego, compra en México.

   El sector de ventas al menudeo es el más afectado, ya que absorbe el 90% del impacto. Adicionalmente, se pierden más de 3 millones de horas de trabajo potenciales en el condado de San Diego debido al tiempo de espera en el cruce, lo que equivale a 41 millones de dólares de salarios perdidos. El impacto económico para todo el estado de California, considerando que el 5% de los viajeros se dirigen a áreas fuera de San Diego, es de 1,300 millones de dólares.

   Por lo que respecta al lado mexicano, un informe del Colegio de la Frontera Norte indica que para Tijuana la afectación en términos de producción asciende a 1,870 millones de dólares, unos 57 mil empleos, o unos 280 millones de dólares en salarios.   

   El mismo documento indica que la infraestructura de las garitas ha crecido en un 26% desde 1993, pero con la entrada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), las exportaciones han crecido un 420% y las importaciones más del 200%.

   Además de estas afectaciones, Shirk considera que hay otros aspectos a considerar, como el hecho de que quien espera en la fila durante hora y media con el motor del auto encendido, sufre una pérdida económica y contamina el ambiente. "Esto afecta la calidad de vida de todos: de quienes tienen que hacer ese trayecto con frecuencia, de quienes viven en la zona, e incluso de los agentes que trabajan ahí", explica.

   "La meta para la región deben ser 20 minutos en cada puerta de entrada al país", añade. "Hay maneras de hacerlo, si se realiza la inversión en tecnología que es necesaria; el problema es que estamos invirtiendo más en los agentes de la Patrulla Fronteriza para que desde su camioneta vean si vienen más indocumentados en las zonas no pobladas. Ese dinero es vital para la economía y la comunidad, a la que le cuestan millones de dólares tantos retrasos".

 

P.D.  Mientras eso sucede alla, en Calexico siguen esperando que algo suceda ya...